Artículos Bnei Noaj

El mito del hijo de Dios

Las falsas religiones obligaron a creer en el mito del hijo de Dios, quien a la vez, supuestamente, es Dios mismo. Algo así como que Dios es hijo de sí mismo. ¿Dios tiene hijos? ¿Qué dice la Torá al respecto?

Dios creó a Adam de la tierra y sopló dentro de él un alma viviente. Luego creó a Javá (Eva) del costado de su marido. A pesar de esto, luego que pecaron, ambos perdieron su grandeza y se degradaron en lo material como en lo espiritual. Noé, sobreviviente del Diluvio, también era descendiente de Adam y Javá. De ahí que todos los seres humanos seamos criatura de Dios.

La Torá solo llama “hijo” de Dios al pueblo de Israel. “Hijos sois para vuestro Dios” (Deuteronomio 14:1), pues Él le ha encomendado a este pueblo la tarea de reflejar la divinidad en al creación, tal como el hijo lleva el ADN de su padre y es una prolongación de él. Esta elección no se debe a que los hijos de Israel sean personas superiores, ni de otro tipo, ni semidioses engendrados físicamente como Dios; de hecho son seres humanos como cualquier otro. Dios llama “hijos” a los descendientes de Israel porque fue el único que aceptó la Torá obedientemente, como un buen hijo.

El mito PAGANO del “Nuevo Testamento”

Aunque este es el concepto original de la Torá, de dentro del pueblo de Israel surgieron personas que introdujeron conceptos contrarios a la Torá.

Así, la idolatría cristiana, para justificar el nacimiento de su líder a raíz del adulterio cometido por su madre, introdujo el mito del hijo de dios (un semidios o un dios que también es hombre) como producto de la relación de un supuesto dios (una paloma) con una humana. Este mito era muy popular en el paganismo oriental en la misma época en que se empezó a difundir el cristianismo.

En la historia y tradición del pueblo judío se recuerda al mito cristiano como una impostura, una historia falsa creada para ocultar el verdadero linaje del falso mesías; falso porque no fue engendrado por un hombre descendiente del Rey David sino por otro.

“La religión del amor” impuso esta creencia por la espada. Esto hizo que la humanidad se alejara del mensaje original entregado por Dios en la Torá, incluyendo las Siete Leyes de los hijos de Noé. La falsa religión desvió a los seres humanos de la fe en el Creador y la sustituyó por un mito totalmente ajeno a la revelación en Sinaí.

El mito del hijo de Dios llevó a la idolatría, pues las personas empezaron a adorar a un hombre. También creyeron que la mamá, el padre postizo y los seguidores del supuesto semidios también debían recibir culto a través de imágenes talladas.

Revelar la Divinidad

Por eso el Rey Mesías, el Rebe, llama insistentemente a la humanidad a redescubrir las Siete leyes de los hijos de Noé, a despertar la chispa Divina que está en cada persona oculta bajo muchas capas de falsas creencias impuestas. Cada ser humano tiene la capacidad de revelar la divinidad que hay dentro de sí cuando nada contra la corriente de miles de años de mentira, idolatría e inmoralidad, tal como lo hizo su antepasado Noé.

La Torá es monoteísmo, creencia en un Dios único e indivisible. Un hijo de Noé, un Ben Noaj, es un ser humano que vuelve a la raíz de la Creación, al concepto original de Dios, tal como lo creyeron Adam y Noé, quienes hablaban con Dios sin mediación.

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