Analicemos cuál es la voluntad divina acerca del aborto por violación: ¿Dios lo permite? ¿Qué dicen las Siete Leyes de Noé?

Dios ordenó a la humanidad Siete Leyes, una de loa cuales prohíbe el asesinato. De manera que la vida es propiedad sagrada, solo Dios la da y la quita. Un resumen bastante claro y explícito acerca de lo que Dios ordenó a la humanidad acerca de la violación lo encontramos en el libro Ética universal. La teoría y la práctica de las leyes noájicas:

Bajo la ley noájica, existe una clara prohibición bíblica de matar a un feto que establece castigo por los tribunales, basada en el verso “Quien derrama la sangre de una persona dentro de una persona…” (Génesis 9:6).

De manera que la humanidad tiene prohibido asesinar un feto.

Cuando la madre está en riesgo

 

Sin embargo, de acuerdo con la Torá, cuando la vida de la madre está en riesgo inminente debido al embarazo, únicamente bajo consulta y supervisión rabínica, podría obtener permiso para abortar. Así lo explica el libro citado:

Esto no significa que el aborto esté prohibido bajo todas las circunstancias. Pero sin estas circunstancias excepcionales, constituye parte de la transgresión de asesinar, a pesar de que el feto es una existencia “secundaria”, dependiente de su madre. (Likutei Sijot, vol. 2, págs. 603-604).

“Derecho” a matar

El argumento que más invocan los partidarios de la despenalización del aborto por violación es el supuesto “derecho” de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Sin embargo, esto se basa en una visión egoísta del ser humano y la existencia, tal como ya sucedió en la antigua Atenas.

Esta civilización supuestamente muy racional, basándose en los principios materialistas de bienestar (solo es bueno lo que hace sentir bien) y utilidad (solo es bueno lo que sirve al individuo), llegó a la inmoralidad de botar en un barranco a las personas ancianas o con discapacidad. Estos mismos principios motivaron al racista Adolf Hitler a llevar a cabo el peor genocidio de la historia.

¿Qué pasa con la mujer violada?

Es obvio que la mujer violada (resulte embarazada o no) es una víctima. Por ello, la Torá estableció penas duras contra el violador, pero no contra el resultado de la violación que es una vida humana.

La sociedad y las leyes deben enfocarse en erradicar la causa de la violación: la visión hedonista de la vida (que dice que todo placer es legítimo), la falta de compromiso entre las personas sexualmente activas (se desalienta el matrimonio), los mensajes machistas que se transmiten en los medios de comunicación, la impunidad de los tribunales contra los violadores (quienes lo hacen una y otra vez), la complicidad de familiares y vecinos que permiten los abusos, etc.

‘El mundo se construirá mediante bondad’ (Salmos 89:3). Todos estamos de acuerdo en que para una mujer, en especial en estado de carencia material, es difícil criar a un hijo sola, pero debe prevalecer la bondad hacia una vida que se desarrolla porque Dios lo permite. Las autoridades y la sociedad en general deben apoyarla de todas las formas posibles para que obtenga la recompensa Divina que seguramente le llegará al obedecer el precepto Divino de no matar.