top of page
Imagen-de-marca.png

El Espejismo Global y la Verdad Histórica de Israel.

El Relato Distorsionado de los Medios y la Realidad del 7 de Octubre.

Soldado israelí sosteniendo una Torá frente a la Tierra de Israel, con el Beit HaMikdash y Jerusalén representando la conexión histórica, espiritual y bíblica del pueblo judío con su tierra ancestral.
La Torá, la Tierra de Israel y la Identidad del Pueblo Judío | Casa Jabad Ecuador

Los medios de comunicación internacionales acusan a Israel, de manera directa o indirecta, de cometer un presunto "genocidio". Lo absurdo de esta narrativa es que se señala a un Estado que simplemente se defiende de un intento de genocidio real, auténtico y devastador, perpetrado desde Gaza el 7 de octubre de 2023.

No sorprende que la responsabilidad de estos actos no recaiga únicamente en Hamás o en las facciones terroristas tradicionales, sino también en una población ampliamente radicalizada que participó de forma activa en masacres, torturas y actos de horror indescriptibles contra civiles inocentes. Los relatos de atrocidades —padres ejecutados frente a sus hijos, familias enteras asesinadas y secuestros masivos hacia una descomunal red de túneles construida con miles de millones de dólares provenientes de ayuda internacional— evidencian la magnitud del sadismo.

Las manifestaciones callejeras que hoy exigen a viva voz una "Palestina Libre" cometen una flagrante injusticia contra la historia, tanto reciente como remota. El relato imperante sobre un pueblo históricamente oprimido llamado "palestino" carece, según esta perspectiva, de sustento objetivo. Jamás existió en la historia un rey palestino, una moneda palestina ni una cultura propiamente palestina anterior al conflicto moderno. No existen registros arqueológicos ni crónicas históricas que avalen ese planteamiento.

El término "Palestina" no fue más que un nombre impuesto por el Imperio Romano tras aplastar la rebelión de Bar Kojba (precedida por las tensiones con el Imperio helénico durante la revuelta de los Macabeos), con el propósito de borrar el nombre del Reino de Judá.

Quienes hoy se autodenominan palestinos son, en su gran mayoría, descendientes de inmigrantes laborales provenientes de diversos países del Medio Oriente que llegaron a la región hace poco más de un siglo, atraídos por el florecimiento económico generado por el retorno y el desarrollo impulsado por el pueblo judío. Sus propios apellidos, según esta interpretación, reflejan ese origen. Sin embargo, ello no ha impedido que la UNRWA (la agencia de la ONU) perpetúe de forma hereditaria el estatus de "refugiado" durante generaciones, algo que —según esta postura— contradice los criterios aplicados al refugio en cualquier otra parte del mundo y responde al objetivo político de debilitar al único Estado judío.


La Hipocresía de Occidente y el Legado del Colonialismo


Es posible comprender el sentimiento ingenuo de "paz y amor" heredado de los años sesenta; lo que resulta intolerable es tomarlo en serio cuando se traduce en manifestaciones de violencia, odio y un antisemitismo apenas disimulado. Estamos ante la verdadera encarnación del mal: aquel que se disfraza de bondad, un lobo con piel de cordero en su máxima expresión de hipocresía.


Se suele decir que "quien no fue de izquierda en su juventud no tiene corazón, y quien no se vuelve realista en su madurez no tiene cerebro". El pueblo judío no tiene la menor intención de convertirse en un pueblo conquistador al estilo del colonialismo europeo, que invadió tierras, impuso religiones por la fuerza, saqueó recursos naturales y esclavizó poblaciones bajo la premisa de "civilizar a los bárbaros".


Resulta irónico que esas mismas naciones europeas pretendan hoy dar lecciones de moral sobre crímenes que ellas mismas cometieron con una eficiencia sistemática. Lo ético sería que inclinaran la cabeza con vergüenza ante el pueblo que intentaron exterminar y apoyaran su legítimo renacimiento en su tierra ancestral.


El Vínculo Indisoluble con la Tierra y la Guerra Espiritual.


El retorno del pueblo de Israel no guarda relación alguna con el colonialismo. Los judíos son el pueblo indígena de esta tierra, hacia la cual dirigieron sus oraciones ininterrumpidamente y cuyo origen jamás olvidaron a pesar de dos mil años de exilio. Incluso la Biblia, sobre la cual juran los líderes cristianos, y el propio Corán reconocen el derecho divino del pueblo de Israel sobre esa tierra.


No nos enfrentamos a una guerra territorial ni a una disputa por recursos materiales; nos enfrentamos a un odio visceral de raíz espiritual, reflejo de la envidia de Caín hacia su hermano Abel.


En la era moderna, este antisemitismo bárbaro ha adoptado un nuevo disfraz: el "antisionismo". Históricamente se tolera al judío sumiso, desvalido y humillado, pero se aborrece al judío que empuña un arma para defender a su pueblo y a su patria. Cuando el judío se defiende, aparecen el boicot, las sanciones y los mismos libelos de sangre que durante siglos difundió la Iglesia Católica, incapaz de refutar que la existencia y la fe inquebrantable de Israel constituyen la antítesis viva de las teologías de sustitución.


La Ética Militar de las FDI frente al Pacifismo Utópico.


Los esfuerzos de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) por minimizar los daños a civiles inocentes son auténticos y han marcado precedentes históricos en la precisión de la guerra urbana, neutralizando a los líderes del terrorismo con el menor impacto colateral posible. Lamentablemente, este elevado estándar moral ha costado la vida de muchos de sus propios soldados.


Las exigencias externas de "poner la otra mejilla" representan la cumbre de la falsedad. La auténtica moral judía enseña:

"Si alguien viene a matarte, levántate más temprano y mátalo tú primero." (Talmud, Sanedrín 72a)

Sería catastrófico para la supervivencia de Israel permitir que quienes declaran abiertamente su intención de destruirlo tengan acceso a armamento letal.


La guerra no es una competencia deportiva ni un duelo de caballeros donde se cuenta regresivamente para ver quién dispara primero. Ese tipo de juegos soberbios no pertenece al ADN compasivo del pueblo judío. La guerra es una necesidad trágica, y proteger a los inocentes constituye el mayor deber moral.


Una Respuesta Firme ante la Prensa Internacional: La Experiencia en Ecuador.


En el año 2008, durante la Operación "Plomo Fundido" en Gaza, me presenté ante los medios de comunicación en Ecuador. Fue en el marco de una manifestación de apoyo a Israel organizada por cristianos aliados frente a la embajada en Quito.


Sabía perfectamente cuál sería la pregunta incisiva de los reporteros:

—¿Por qué el ejército de Israel mata a niños palestinos?

Esa premisa era tramposa e injusta, pues asumía implícitamente que los judíos no tenían derecho a defenderse de los miles de cohetes que caían sobre sus ciudades.

Sin embargo, en el fondo latía una pregunta aún más profunda:

—¿Cuál es el verdadero derecho de ustedes sobre la tierra de Israel? Si vinieron de Polonia, Marruecos o Irak, ¿dónde está el título de propiedad que los vincula a esa tierra?

Decidí responder a la raíz teológica y jurídica de la cuestión, ignorando la narrativa distorsionada que niega los derechos humanos básicos del pueblo judío en su propio hogar.


Respondí con orgullo en nombre de todo mi pueblo:

"En este país, cuando se exige a un ciudadano decir la verdad en un tribunal, se jura sobre la Biblia. Esa es la verdad absoluta para Occidente. En ese mismo libro, Dios, el Creador y dueño del universo, declara repetidamente que toma la tierra de Canaán y la entrega a la descendencia de Abraham, Isaac y Jacob. Nosotros somos sus hijos. La tierra de Israel nos pertenece y, por ende, es nuestro derecho inalienable defendernos en ella de quienes buscan nuestro mal."

Los periodistas quedaron atónitos ante una respuesta que rompía los esquemas habituales de los manuales de prensa.


Luego preguntaron:

—Entonces, ¿cuándo habrá paz en Israel?

La respuesta es clara: somos amantes y perseguidores de la paz. Nuestras manos siempre están extendidas hacia ella, y el propio nombre del Creador es Paz (Shalom).

Pero la realidad geopolítica frente al fundamentalismo islámico —cuya doctrina contempla el engaño táctico en tiempos de guerra (taqiyya, según esta interpretación)— demuestra que la paz no se sostiene mediante tratados vacíos, sino desde una posición de fortaleza que haga posible el respeto mutuo.


Equilibrio Espiritual y una Invitación a la Comunidad.


Cuanto más se conecte el pueblo de Israel con su Torá, mayor será su solvencia moral sobre su tierra. El temor profundo del radicalismo es enfrentarse a la verdad.

Internamente, muchos sectores del mundo árabe experimentan crisis de fe derivadas de las contradicciones internas de sus textos y de las luchas fratricidas entre facciones que se acusan mutuamente de apostasía.


Una fe basada únicamente en la fuerza implacable no beneficia al ser humano, del mismo modo que un pacifismo absoluto sustentado exclusivamente en el perdón, sin justicia, resulta una utopía.


La verdad divina se encuentra en el equilibrio. El ser humano fue diseñado con un brazo derecho que simboliza la benevolencia (Jésed) y un brazo izquierdo que representa la fuerza y la justicia (Guevurá). El intelecto y la emoción constituyen la esencia humana, y debemos estudiarlos profundamente para conocer al Creador a través de nuestro propio ser.


Implementar la justicia divina en el mundo es el proyecto central del pueblo de Israel, sirviendo como un faro de integridad, honestidad y fe monoteísta inquebrantable. Ese es también el propósito de las Siete Leyes de los Hijos de Noé (Bnei Noaj): ser una luz para las naciones.


Para lograrlo, no basta con consumir información en internet; se necesita una comunidad viva que brinde apoyo y un camino compartido. Así como para adoptar hábitos saludables es necesario un entorno que los fortalezca, la Comunidad Bnei Noaj se reúne virtualmente dos veces por semana mediante Google Meet para iluminar nuestras vidas y santificar nuestro entorno.


Si la justicia, la rectitud y la verdad son los motores de tu vida, te invitamos a formar parte de nuestras clases semanales como miembro de honor de nuestra comunidad.

Tu lugar está con nosotros. 


1 comentario


Laura Eraso
Laura Eraso
hace 4 horas

La verdad le felicito, es un pensamiento bastante profundo y meditado. Es una lastima lo que pasa en Gasa. El judío no puede ser pasivo.

Muy interesante

Me gusta
bottom of page