El Poder del Retorno
Por la distancia del tiempo

Los Diez Días de Arrepentimiento entre Rosh Hashaná y Yom Kipur incluyen siempre el Shabat Shuvá, el Shabat del Retorno, que representa la forma más sublime de tesuvá. Esta historia la escuché directamente del Rabbi Lipsch, de la santa ciudad de Safed, cuando era estudiante en la Yeshivá del Rebe de Lubavitch, el Rey Mesías, en el 770 —un santuario que simboliza la luz que el pueblo de Israel irradia a las naciones bajo el liderazgo del líder de la generación, enseñando los 7 Preceptos de Noé a las 70 naciones del mundo.
Tras la comida sabática, el Rabbi Lipsch estudiaba apaciblemente cuando, de pronto, apareció por la avenida principal un mochilero israelí. Lo recibió con un amor incondicional y libre de juicios (sabiendo que, aunque transportar equipaje en Shabat infringe el cerco entre el dominio público y el privado, existen judíos que no tuvieron el privilegio de educarse en la Torá y son considerados Tinok Shenishbá, infantes criados en el cautiverio). Tal como le enseñó el Rebe, le ofreció escuchar el Kidush y le sirvió un cálido banquete.
Mientras el joven comía, el rabino le compartió la enseñanza propia de ese Shabat: en Shabat Shuvá se lee la parashá de Ha'azinu, una sublime poesía cósmica que precede a la última sección de la Torá. Sobre esta lectura, el Rebe solía relatar una historia estremecedora:
En la España medieval de la Edad de Oro, la vida judía florecía y las academias rabínicas rebosaban de esplendor. Rabbi Moshe ben Najmán, el Rambán (Najmánides), redactaba su inmortal comentario bíblico rodeado de brillantes discípulos. Sin embargo, la calma se quebró cuando uno de sus alumnos más destacados, Avner, apostató y se convirtió al catolicismo. La noticia cayó como un rayo en un cielo despejado. Con el tiempo, Avner escaló posiciones de enorme poder y riqueza junto a la Corona. La comunidad temblaba, pues sabía que pocos enemigos eran más encarnizados que los conversos empeñados en demostrar su nueva lealtad.
Llegó Yom Kipur. El Rambán oraba en la sinagoga junto a sus alumnos, todos en ayuno y vestidos de blanco como ángeles, cuando irrumpieron guardias armados que se llevaron por la fuerza al anciano maestro. Entre el llanto de los estudiantes, el maestro fue conducido al ostentoso palacio de Avner. Allí, en el centro de un salón deslumbrante, estaba su antiguo alumno, vestido a la última moda, lleno de soberbia y con una enorme cruz sobre el pecho. En un rincón yacía atado un cerdo vivo.
Sin vacilar, Avner desenvainó su espada, degolló al animal, encendió fuego, cocinó la carne y la devoró con apetito frente a su maestro estupefacto. Al terminar, preguntó con sarcasmo:
—¿Cuántas violaciones del castigo de Karet (la extirpación espiritual suprema, donde se cortan de golpe los 613 hilos del alma) he cometido recién?
—Cinco —respondió serenamente el Rambán—: matar, encender fuego, cocinar, comer y profanar el ayuno de Yom Kipur.
—¡Falso! —desafió Avner—. Fueron seis.
Por un instante se entabló un debate talmúdico entre ambos. Viendo que la discusión era estéril, el Rambán preguntó con profundo dolor:
—¿Por qué? ¿Por qué abandonaste a tu Dios?
—¡Por tu culpa! —espetó Avner—. Tú nos enseñaste que toda la Torá está codificada en la parashá de Ha'azinu; que el pasado, el presente y el futuro, junto a todos los mundos, están comprimidos allí en miniatura.
—Así es, y sostengo cada palabra —afirmó el Rambán—. ¿Qué hay de falso en ello?
—¡Mi nombre! ¡Avner no aparece por ningún lado! Conozco todos los métodos de códigos bíblicos y examiné esa lectura mil veces. Mi nombre no está. Por lo tanto, tu enseñanza era una mentira y me bauticé, traicionando a mi Creador.
El Rambán le pidió un momento, imploró a Dios que iluminara sus ojos y repasó mentalmente el texto sacro. A los pocos minutos, miró a Avner y le citó el verso: Amarti Pe'ehem Ashbita Me'enosh Sijram ("Dije: Los dispersaré, borraré su memoria de entre los hombres"). ¡La tercera letra de cada palabra formaba de manera impecable el nombre AVNER!
Avner quedó petrificado, despojado de su arrogancia.
—¿Hay alguna rectificación para mi alma después de lo que he hecho? —preguntó temblando.
—Ese es tu verso y ese es tu destino —dictaminó el Rambán.
Entendiendo el mensaje divino, Avner abordó una barca sin remos ni marinero en medio del océano y desapareció para siempre.
El mochilero escuchaba la historia con el aliento contenido. Al terminar, miró fijamente al Rabbi Lipsch y le dijo:
—¿Sabes cuál es mi nombre? Me llamo Avner. ¿Y sabes a qué vine aquí?
El rabino lo miró sorprendido. El joven continuó:
—Durante los últimos años he pertenecido a una secta idolátrica envuelta en artes oscuras y misticismo pagano. Estaba totalmente absorbido por esas fuerzas. Pero hace poco, en un congreso mundial de la secta, mientras el gurú hablaba desde el escenario, observé a la multitud y una idea fija me golpeó: "Ese tipo es judío... aquel también... y aquel otro". De pronto me invadió una emoción inexplicable y caminé hacia el escenario.
El líder, al ver mi agitación, me entregó el micrófono para que compartiera mi "inspiración". Lo tomé queriendo decir algo judío, pero lo único que me vino a la mente fue la plegaria de Adón Olam. Comencé a cantarla y, de repente, los otros judíos de la multitud se unieron a mí en una armonía mística.
Al finalizar el evento, el gurú me llamó en privado y me exigió una explicación. Le dije que me había emocionado ver a tantos hermanos y que era una oración al Creador del universo. El gurú se acercó y me confesó un secreto oscuro:
"Con el poder de nuestras fuerzas astrales habríamos conquistado el mundo entero hace mucho tiempo, convirtiendo a la humanidad en zombis sometidos. Solo hay un hombre en el planeta que nos lo impide y nos frena".
Yo, como exsoldado de las fuerzas especiales de élite de Israel, le dije: "Dame su nombre y su dirección, y te lo traeré vivo o muerto".
El mochilero sacó un papel de su bolsillo y se lo mostró al Rabbi Lipsch. Escrito de su propio puño y letra figuraba: Menachem Mendel Schneerson, 770 Eastern Parkway, Brooklyn, NY.
En un solo instante, el Tzadik de la generación transforma los planes más perversos y alejados de la luz en un arrepentimiento absoluto. Así ocurrió en la Edad Media y así sucedió en los años ochenta. La fuerza de la Tesuvá en un parpadeo es el poder del Moisés de nuestra era, el Profeta y Mesías que nos guía hacia la Redención Final, tanto a judíos como a las naciones de la tierra (Bnei Noaj).
Bajo esta misma inspiración operamos en la comunidad online de Bnei Noaj en español, uniendo a miles de almas a lo largo de todo el continente americano bajo la fe en el Dios de Israel, Su Torá y Sus preceptos, con la certeza absoluta de que el poder del retorno es capaz de mover montañas y transformar la realidad en un abrir y cerrar de ojos.
¿Qué significa Teshuva en “El Poder del Retorno”?
Según el artículo, Teshuva es el poder del retorno hacia Dios. Se presenta como una transformación espiritual que puede ocurrir incluso después de una gran distancia y que, en ciertos momentos, puede producirse de forma súbita.
¿Por qué Shabat Shuvá es importante en el artículo?
Porque el relato comienza situando Shabat Shuvá dentro de los Diez Días de Arrepentimiento y lo presenta como la forma más sublime de tesuvá. Desde allí se introduce la enseñanza vinculada con la parashá de Ha'azinu.
¿Qué enseña la historia de Avner y el Rambán?
El artículo utiliza esa historia para mostrar que una persona que se ha alejado profundamente todavía puede enfrentarse a una verdad que quiebre su seguridad y despierte la posibilidad del retorno.
¿Por qué aparece un segundo Avner en la historia moderna?
La repetición del nombre conecta dos relatos separados por siglos. En ambos casos, Avner representa a una persona inmersa en una realidad alejada de la Torá que llega a un punto de ruptura y confrontación con su identidad.
¿Qué papel cumple el Rebe en el relato?
El artículo presenta al Rebe Menachem Mendel Schneerson como el Tzadik de la generación cuya influencia transforma un plan perverso en un proceso de retorno y orienta hacia la Redención Final.
¿Cómo se relaciona la Teshuva con Bnei Noaj en el cierre?
El cierre extiende el mensaje del retorno a la comunidad Bnei Noaj en español, vinculándolo con la fe en el Dios de Israel, la Torá, los preceptos y la posibilidad de transformar la realidad.
¿Cuál es la invitación central del artículo?
La invitación es a no considerar irreversible la distancia espiritual. El artículo sostiene que el retorno puede comenzar en un instante y que la conexión con Dios, la Torá y la comunidad puede convertir ese instante en una nueva dirección de vida.





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