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El Secreto de las Sombras y la Luz Divina

Actualizado: hace 6 días

La verdad sobre los demonios y la omnipresencia de Dios


Una habitación antigua en penumbra atravesada por una intensa luz cálida que disipa las sombras, como símbolo del poder de la luz divina sobre la oscuridad espiritual.
La luz divina disipa las sombras espirituales

Una de las preguntas más recurrentes y profundas en nuestras clases de la Comunidad de Bnei Noaj Online es: ¿Existe, según la Torá, un mundo paralelo de demonios y espíritus oculto a nuestros ojos?

Muchos de los participantes citan relatos sobre Ashmedai y el Rey Salomón; otros mencionan las antiguas leyendas de Lilith. Sin embargo, la gran mayoría simplemente reproduce —sin saberlo— conceptos de la teología católica en la que fueron educados durante generaciones.


Existe aquí una percepción pagana y errónea que debemos extirpar de raíz: la idea de que Dios está librando una batalla titánica en los cielos contra el "Satanás". Esta noción es una falacia astronómica. Otorga un poder independiente a una criatura frente al Creador. ¡Esto es categóricamente imposible!

La verdad absoluta de la Torá es: ¡EIN OD MILVADO! (No hay nada fuera de Él). No existe fuerza alguna en la creación que pueda oponerse a la Voluntad Divina. Todos los seres reciben su vitalidad y su existencia, segundo a segundo, exclusivamente del Creador Bendito Sea.


Incluso cuando Él creó a la Inclinación al Mal (Yétzer HaRá) para tentar y acusar al hombre, este no es más que un ángel sin libre albedrío, un siervo fiel ejecutando la misión de su Rey como un autómata perfectamente programado.


La Anatomía del Mundo Espiritual


Cuando realizamos preceptos y buenas acciones, creamos ángeles de luz que defienden y abogan por el hombre en el Juicio Celestial. Por el contrario, los actos oscuros engendran fuerzas de destrucción (Malajéi Jabalá) que nos acusan incesantemente. Pero incluso estas fuerzas oscuras chupan su existencia de la santidad que el propio ser humano desperdició, pues no existe otra fuente de energía en el cosmos más que la Bondad y la Santidad Divina.


Si pudiéramos ver este mundo de los espíritus con nuestros ojos físicos, el libre albedrío —que es la razón de ser de nuestra estancia en la Tierra— quedaría completamente anulado, y nuestra psique sufriría un colapso irreversible.


Por lo tanto, la senda correcta no es intentar "hackear" el sistema Divino ni conjurar ángeles para nuestro beneficio personal. Esos intentos desesperados cobran un precio espiritual devastador que nadie es capaz de pagar. La verdadera sabiduría consiste en servir a Dios con pureza e integridad (Temimut), con una fe inquebrantable en la Justicia Divina que, sin duda alguna, se manifestará a su debido tiempo.


La Escalofriante Historia de la Casa de Poznań


Para comprender las leyes inflexibles de este mundo misterioso, la historia nos regala un relato estremecedor de la época previa a la revelación del Baal Shem Tov y el Jasidismo:

En la Calle de los Portugueses, en la ciudad de Poznań, se erigía una casona abandonada. La sola mirada hacia ella provocaba un escalofrío mortal en los transeúntes. Décadas después de la trágica muerte de Avigdor el orfebre y su esposa Sara —una pareja cuya vida estuvo saturada de disputas feroces y maldiciones oscuras como "¡Que te lleve el demonio!"—, la estructura se convirtió en la guarida definitiva de fuerzas malévolas y demoníacas.


Por las noches, susurros macabros brotaban del vacío, acompañados de carcajadas desquiciadas, pisadas pesadas y danzas espectrales que aterrorizaban al vecindario.

Un intento soberbio del gobernador y el obispo local por exorcizar la vivienda mediante una procesión católica —con cruces, imágenes, sahumerios y cantos— terminó en un desastre humillante: alaridos espeluznantes y ecos de risas malévolas hicieron huir despavoridos a monjes y sacerdotes, dejando al mismísimo obispo paralizado en el suelo, petrificado de terror.


El Juicio de la Torá sobre la Oscuridad


Cuando Rabí Yoel, el Baal Shem de Zamosc, tuvo conocimiento del suceso, actuó bajo los fundamentos más estrictos de la Kabalá y la Ley Hebrea (Halajá): para despojar a los demonios de un territorio, primero hay que anular su derecho legal.


A través de una carta detallada, instruyó a su alumno, Rabí Baruj, a localizar a los herederos lejanos del orfebre. Una vez que los herederos renunciaron formalmente a la propiedad mediante un documento legal, la titularidad de la casa y su sótano fue transferida legítimamente a la comunidad judía de Poznań.


Con la compra completada en estricto apego a la ley, la comunidad, encabezada por Rabí Baruj, marchó hacia la propiedad portando tres Rollos de la Torá (Sifré Torá).


A medida que se acercaban, el aire se volvió denso con alaridos atroces, cantos desenfrenados, crujir de dientes y rugidos de bestias salvajes. En las ventanas se atisbaban rostros deformes y siluetas monstruosas que se burlaban de la multitud.


Sin dar un solo paso atrás, Rabí Baruj cruzó el umbral al frente de diez sabios piadosos. En ese preciso instante, un estruendo ensordecedor sacudió la estructura: los cristales saltaron hechos pedazos y figuras dantescas huyeron a través de las aberturas, dejando tras de sí una densa nube de humo negro y un tufo insoportable a azufre y putrefacción que permaneció en el aire durante días. La casa fue purificada y se erigió allí un centro de estudio y oración.


La Venganza de las Sombras y la Sentencia Final


Pero la paz fue desafiada. Rabí Shlomo, un opositor al movimiento jasídico, afirmó con desdén que la expulsión de los espíritus había sido una mera coincidencia. Su chisme malicioso debilitó la muralla espiritual de la ciudad, y los demonios —que habían sido relegados al subsuelo— consolidaron una base siniestra en lo más profundo del sótano.


La tragedia no tardó en llegar. Menashé, el hijo de Rabí Shlomo, descendió al sótano junto a un comerciante de pieles. Al abrir la puerta, el horror puro emergió de las tinieblas: ojos al rojo vivo como brasas ardientes, reptiles gigantescos y criaturas deformes proyectaban sombras con brazos interminables sobre las paredes. Ambos hombres huyeron intoxicados de pánico y cayeron desmayados.


Al despertar, el comerciante había perdido el habla por completo, mientras que Menashé fue presa de una locura tan furiosa que tuvo que ser encadenado con eslabones de hierro en su propio hogar.


Fue entonces cuando el insigne Rabí Yoel Baal Shem de Zamosc llegó en persona a Poznań para cortar el mal de raíz: citó a los demonios a un Juicio Superior de la Torá (Din Torá).


Tras días de ayuno y plegaria, convocó a los jueces rabínicos en el centro de estudio. Un frío glacial penetró los huesos de los presentes y el suelo comenzó a vibrar. Rabí Yoel exclamó con voz de trueno:

"¡Yo los demando a ustedes, demonios y espíritus del mal, a un Juicio de la Torá! ¡Exijo que se presenten de inmediato ante este tribunal!"

Un murmullo gutural y una risa siniestra resonaron en la estancia. De la penumbra se materializó su representante: una criatura dantesca y grotesca, con el cuerpo de un bebé, cabeza de caballo y patas de gallo. Con pasos espeluznantes, el ser declaró con voz desgarradora:

"¡Estamos aquí bajo la autoridad de Ashmedai! Se nos dio permiso porque fuimos engendrados por los pecados del dueño de esta casa y las maldiciones de su esposa. Dado que nacimos de sus actos, ¡somos sus descendientes y heredamos esta propiedad por derecho!"

Rabí Yoel, imperturbable ante la abominación, asestó un argumento devastador:

"Es verdad que los pecados y las maldiciones crearon ángeles destructores, ¡pero eso NO les otorga ninguna heredad en el mundo de los seres humanos! Los herederos de carne y hueso han transferido legalmente la propiedad a la comunidad. ¡Ustedes no tienen ningún derecho de pisar este plano!"


Ante la negativa de los entes a retirarse, el Tribunal Rabínico emitió un fallo unánime: Los demonios no tienen parte ni herencia en la propiedad humana; su lugar está en los desiertos, los mares y las tierras desoladas.


Inmediatamente, Rabí Yoel juramentó a las criaturas mediante los Nombres Sagrados de Dios, ordenándoles no dañar a ningún ser humano y cumplir el fallo sin apelación. Un gemido agónico resopló en el aire y, en un parpadeo, hasta el último de los demonios se evaporó de las profundidades del sótano.


Una sola bendición de Rabí Yoel devolvió al instante la cordura a Menashé y la voz al comerciante. Toda la ciudad fue testigo de cómo el poder de la Santidad sobrepasa y anula a las fuerzas de la oscuridad.


El Poder de la Luz en Nuestros Días


Incluso hoy, en nuestra misión bajo la guía e inspiración del Rebe de Lubavitch, el Rey Mesías, hemos sido testigos de la fragilidad de la oscuridad frente a la Torá en pleno siglo XXI, aquí en Ecuador:


El Hotel de Guayaquil: El dueño de un hotel adquirió la propiedad a bajo costo debido a los rumores sobre el fantasma del antiguo propietario que se negaba a abandonar el lugar. A pesar de las remodelaciones, el hotel permanecía vacío. Cuando finalmente se hospedó el director ejecutivo de una aerolínea, este huyó a mitad de la noche aterrorizado, gritando que "le arrancaban las sábanas mientras dormía". La solución no fue violenta: la fijación de mezuzot kosher en las puertas y el establecimiento de clases de Torá en el lobby fueron suficientes para ahuyentar toda sombra. La oscuridad se disipó para siempre.


La Casa de Quito: En el Centro Histórico, una empresaria del textil alquiló una propiedad. Sus empleadas renunciaron aterrorizadas porque en el piso superior —completamente vacío— se escuchaban pasos pesados y los bultos de mercancía eran arrojados por los aires. Una vez más, la luz de la santidad expulsó al Sitra Ajra (el lado oscuro) con absoluta facilidad.


Recuerden esto siempre: No hay necesidad de luchar contra la oscuridad con palos y piedras. La oscuridad no tiene existencia propia; es simplemente la ausencia de luz, tal como el frío es únicamente la ausencia de calor.


Nuestra Misión: El Arca de Noé en la Era Moderna


En la Comunidad de Bnei Noaj Online, el verdadero "Temor a Dios" (Yirat Shamáyim) no es un miedo fóbico al castigo, sino el temor reverente a desconectarnos —siquiera por un segundo— del Creador del Universo.


Él gobierna simultáneamente todas las dimensiones: el pasado, el presente y el futuro; el espacio y el tiempo; lo espiritual y lo material. Todas las criaturas, desde la más diminuta hasta la más grande, existen únicamente por Su Voluntad y tienen una misión sagrada que cumplir.


Lo único que se nos pide es conectarnos conscientemente a Él, haciendo presente Su Presencia en nuestro mundo a través del estudio de la Torá y el cumplimiento de los Preceptos Universales, con la pasión e intensidad de un enamorado obsesionado por el objeto de su amor.


Debemos asegurarnos de llenar siempre el vacío de nuestra mente con contenido positivo y divino. Si dejamos nuestra mente vacía, se llenará inevitablemente de negatividad, ansiedades existenciales y pensamientos que distorsionan nuestra realidad.

Por ello, es vital que se conecten con frecuencia a nuestras clases virtuales y no descuiden el alimento de sus almas. Esta comunidad es nuestra Arca de Noé moderna: un refugio sagrado que nos protege de las aguas del diluvio espiritual y del caos del mundo actual.


¡Conéctate, fortalece tu alma y permite que la Luz Infinita ilumine cada rincón de tu vida!


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