Conflicto religión y Estado en Israel: la paradoja del Estado Judío entre la ilusión secular y la verdadera Redención
- Rabino Rótem Tómer

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Existe una creencia tan extendida como ingenua que pretende equiparar la institucionalidad del Estado de Israel con la realidad bíblica de los días de David y Salomón; una postura que asume, erróneamente, que su legislación refleja la justicia Divina de la Torá, que su sistema educativo promueve la fe y que la identidad judía se respira allí de forma natural. Sin embargo, creer que las estructuras actuales encarnan los valores de la Torá resulta una ingenuidad absoluta. Si bien los extraordinarios triunfos del pueblo judío en múltiples campos derivan indefectiblemente de la presencia Divina (Shejiná) que reposa sobre los pilares sagrados del Pueblo, la Tierra y la Torá, el Estado como estructura secular requiere aún una transformación profunda. Para que las instituciones encarnen la soberanía de Dios, el sistema legal y legislativo —cuya enmienda exige una reconstrucción desde la raíz— debe refundarse sobre la verdad de la Torá. Esto no contradice en absoluto la soberanía popular: el marco democrático cobra un sentido trascendente cuando la ciudadanía, libremente y en su vida personal, fortalece su fe y elige guiarse por estos preceptos.
Ojalá estuviéramos ya en esa utopía de la Redención verdadera y completa liderada por el Rebe de Lubavitch, el Rey Mesías, quien dirige este proceso global e instruye a legisladores y líderes sobre cómo actuar según la Sagrada Torá. Sin embargo, esto sigue sujeto al libre albedrío y a los lentos procesos de la opinión pública. La inestabilidad política y el desencanto generalizado observados en la última década evidencian el agotamiento del liderazgo democrático convencional cuando no se trata de un verdadero Tzadík (justo), reflejando un profundo e inconsciente anhelo por la revelación del Rey Mesías. Cabe destacar que la postura del Rebe nunca fue antidemocrática: él mismo promovió procesos democráticos en Crown Heights para la elección de consejos comunitarios y rabinos. Sin embargo, en Israel se negó enfáticamente a fundar un partido político. A pesar de su intensa y prioritaria preocupación por la educación judía —cuyo financiamiento suele depender de las cuotas parlamentarias—, prefirió confiar en la entrega abnegada de voluntarios que laboraron incansablemente sin retribución, llegando incluso a cerrar instituciones financiadas con sudor antes que someterse a los condicionamientos ideológicos de la élite gobernante que buscaban quebrantar los principios de la Torá.
Muchos judíos emigraron a la Tierra Santa anhelando una vida de santidad, pero al inscribir con inocencia a sus hijos en el sistema educativo estatal, sufrieron una amarga decepción. Descubrieron que incluso la enseñanza de la Biblia se abordaba desde la denominada "Crítica Bíblica": un análisis pseudogeopolítico que despoja al texto de toda santidad y fe en el Creador, ridiculizando las profecías, los milagros y la Revelación Divina. A pesar de este nefasto enfoque, el Rebe de Lubavitch solicitó al Comité de Kibutzim que mantuvieran la enseñanza del Tanaj, pues la santidad inherente a sus palabras conserva la capacidad de despertar el alma judía y retornarla a sus raíces.
Conflicto religión y Estado en Israel: una tensión estructural
El conflicto entre religión y Estado en Israel es estructural e inevitable. Buscar la separación entre religión y Estado en Israel es un absurdo equivalente a pretender separar el cuerpo del alma. Si bien en el resto de las naciones la separación entre la Iglesia y el Estado es una medida deseable y saludable para prevenir la imposición del ateísmo totalitario o la idolatría obligatoria, en el caso judío resulta una imposibilidad ontológica. El pueblo de Israel no puede comportarse como las demás naciones, por más que pretenda estructurarse bajo un modelo democrático convencional. Históricamente, cuando el pueblo pidió al profeta Samuel un "rey como todas las naciones", este les advirtió del error recordando que "El Señor, vuestro Dios, es vuestro Rey". La propia mitzvá de designar un monarca implica una figura que encarna la soberanía Divina, no el ego nacional. Tras la destitución de Saúl por no erradicar a Amalec, el joven David fue ungido bajo un juramento Divino que garantizó el reinado eterno para su linaje. El Rebe de Lubavitch, cuya genealogía directa trazada hasta el Maharal de Praga llega formalmente hasta los reyes David y Salomón, fue dictaminado como el Rey Mesías por cientos de rabinos según los parámetros de la Halajá. Este fallo fue aceptado por él y ratificado en los Cielos, pues "la Torá no está en el cielo", sino que ha sido entregada a las autoridades rabínicas terrenales.
Seguridad nacional, educación judía y conciencia espiritual
Esta dimensión espiritual determina la seguridad nacional. Cuando el exministro Rehavam Zeevi se presentó ante el Rebe con total anulación de su ego y le preguntó qué más podía hacer por la seguridad de Israel, el Rebe sorprendió al señalar un área aparentemente desconectada: la educación de los niños en la Torá y los mandamientos. Explicó que cuando la identidad judía sea tan natural como el aire que se respira, la seguridad estará garantizada a tal punto que ningún enemigo podrá dañar a un solo integrante del Pueblo Elegido. Esta fue la visión del Rebe incluso antes de la Guerra de los Seis Días. Mientras en Washington preveían una derrota devastadora ante cinco ejércitos árabes, el Rebe anunció una gran victoria y envió a sus jasidim a la "Campaña de Tefilín" en calles y mercados —algo inaudito para la época—. Apoyándose en el verso: "Y verán todos los pueblos de la tierra que el Nombre del Señor es invocado sobre ti, y te temerán", la victoria trascendió el orden natural. Ante el repliegue inexplicable de los tanques sirios y egipcios por el temor a una emboscada, y su posterior repetición en la Guerra de Yom Kipur, se demostró que, por encima de la fuerza militar y tecnológica, existe una inspiración Divina que determina el valor o el temor de los ejércitos, tal como relatan las batallas bíblicas.
Sionismo, Jabad y la idea de Redención
Por otra parte, aunque el jasidismo Jabad rechaza la ideología sionista originada en la Ilustración (Haskalá) —la cual promovió la asimilación conceptual y física contraria a la Torá—, el Rebe reconoce la existencia práctica del Estado de Israel. A diferencia de sectores extremistas como Neturei Karta, quienes rechazan la realidad prefiriendo someterse a regímenes ajenos, el Rebe rehusó calificar al Estado de Israel como el "inicio de la Redención" (Atjalta De'Geula). Señaló esto como un grave error del Rabino Kook que retrasó la Redención al menos cincuenta años. Para el Rebe, la situación actual es un "exilio dentro del exilio": un cautiverio que los propios judíos se imponen a sí mismos. A diferencia de las opresiones históricas bajo imperios extranjeros que atacaban el cuerpo pero no podían alterar el código espiritual judío, el marco moderno vulnera la identidad desde adentro.
Haskalá, emancipación y ruptura de la identidad judía
Napoleón Bonaparte comprendió en su momento que las Cruzadas no le darían el control global, por lo que intentó recrear el Sanedrín y estableció el Consistorio francés para manipular la legislación rabínica. Su emancipación trajo igualdad formal, pero causó un devastador daño espiritual al tentar a los judíos a abandonar los límites de la observancia. De igual manera, el movimiento de la Haskalá apeló a las autoridades gubernamentales para intervenir en la educación tradicional del Jéder, exigiendo estudios seculares e impulsando conversiones para acceder a la academia. El movimiento sionista nació cuando esa misma sociedad rechazó al judío por antisemitismo racial; sin embargo, en lugar de comprender el mensaje Divino, sus ideólogos buscaron erigir una autonomía secular en Argentina u Uganda para vivir bajo patrones aristocráticos europeos, desvinculados de la tradición. Finalmente, en el Congreso Sionista de Ginebra, Theodor Herzl presenció la determinación de los jóvenes de Kishinev —víctimas de un brutal pogromo— quienes exigieron que su único destino fuera la Tierra de Israel. Décadas antes, cuando los líderes del movimiento Bilu buscaron el apoyo del Rebe Rashab de Lubavitch, este les cuestionó por qué habían truncado el verso bíblico que daba nombre a su organización: "Casa de Jacob, id y caminemos". Les indicó que habían omitido el cierre esencial: "...a la luz del Señor". Sin la dirección y las acciones alineadas con la Voluntad Divina, cualquier movimiento hacia la Tierra Santa carece de la conexión necesaria para traer la Redención.
¿Quién es judío?, Ley del Retorno y ciudadanía
En la década de 1970, durante la inmigración desde la Unión Soviética, la Ley del Retorno permitió la entrada de no judíos según criterios seculares. La única intervención directa del Rebe de Lubavitch en la legislación israelí fue la lucha incansable por enmendar la ley de "¿Quién es judío?", exigiendo que se estipule formalmente que judío es solo quien nace de madre judía o se convierte según la Halajá. Omitir esta última exigencia constituye un crimen hacia el Creador, hacia el pueblo de Israel e incluso hacia el no judío que es inducido a una grave confusión identitaria. No obstante, debe entenderse con claridad que un hogar nacional para el pueblo judío no está compuesto necesariamente solo por judíos: es perfectamente viable otorgar plenitud de derechos y deberes ciudadanos a no judíos leales al Estado. Ya en la era bíblica, tras la conquista de Josué, los hijos de Israel convivieron con el Ger Toshav (residente extranjero), concepto equivalente a los Hijos de Noé que abandonaron la idolatría para observar los siete preceptos universales junto al pueblo judío. La falencia del marco secular no radica en la presencia de ciudadanos no judíos leales, sino en la distorsión legal que los pretende catalogar falsamente como judíos sin una conversión halájica legítima. En aquel período, cuando los cazas egipcios pilotados por rusos cruzaban el Canal de Suez y la cadena de mando israelí no emitía la orden de ataque por titubeos políticos, el Rebe explicó las implicaciones espirituales: al fracturarse los límites de la identidad judía en la ley, se debilita la frontera física, permitiendo que potencias extranjeras amenacen la seguridad nacional.
El conflicto religión y Estado frente al modelo liberal contemporáneo
Hoy se agudiza el conflicto entre la noción de un "Estado de todos sus ciudadanos" —impulsada por el Tribunal Supremo (Bagatz) bajo una hegemonía de izquierda radical, pensamiento woke y un nepotismo que perpetúa a sus jueces sin soltar los resortes del poder— y el "Estado Judío" del proyecto sionista original. Sin embargo, incluso esta visión sionista resulta insuficiente frente al horizonte espiritual de la Torá y el destino mesiánico consignado en la propia Declaración de Independencia según la visión de los profetas de Israel. Esta evolución conceptual y práctica adquiere hoy una velocidad acelerada en los tiempos del Mesías, permitiendo que el pueblo llamado a ser luz para las naciones cumpla su función ética mediante un ejemplo integral impecable.
Torá, Estado judío y pluralismo moderno
En conclusión, el Estado de Israel intenta proyectarse como una democracia liberal, olvidando que su razón de ser es ser el Estado del Pueblo Judío, sujeto primordialmente a la Torá por encima de convenciones internacionales cambiantes. El liberalismo moderno hunde sus raíces en la cultura idólatra griega, y tal como ocurre en la academia actual, la noción del "pluralismo de verdades" se opone frontalmente a la Verdad Divina Absoluta. Es por ello que en sus delegaciones diplomáticas y campañas institucionales se financia con el dinero de los contribuyentes una mezcla incoherente: la promoción de marchas de depravación pública (LGBT) —que constituyen una exhibición explícita de inmoralidad sexual— y la exhibición de cultos ajenos, junto a fotografías de judíos en el Muro de los Lamentables con Talit y las Cuatro Especies. Esta confusión entre el bien y el mal contradice la esencia del territorio sagrado que el pueblo salido de Egipto fue comandado a erigir en Canaán, y exige una rectificación de raíz que solo el Mesías puede consolidar.
Servicio militar, estudio de la Torá y defensa de Israel
Esta misma inconsistencia se manifiesta en el ámbito de la defensa y el servicio militar. La Torá encomienda explícitamente el deber de tomar las armas y defender la vida del pueblo judío; en este esquema, quienes se dedicaban con devoción al estudio de la Torá en las yeshivot actúan como verdaderos escudos espirituales de la nación, mientras que aquel cuyo estudio flaquea debe incorporarse de inmediato a las filas de las Fuerzas de Defensa. Asimismo, los caídos en combate en defensa del pueblo de Israel alcanzan el estatus espiritual de verdaderos Tzadikim (justos absolutos), y el propio rigor de la guerra ha llevado a incontables soldados a los niveles más altos de retorno y fe (Teshuvá). Sin embargo, el diseño del ejército desde sus inicios como un proyecto secular de integración ideológica, sumado a la inclusión de mujeres orientada a imponer agendas liberales para elevar artificialmente la moral, creó una profunda fractura con el sector ultraortodoxo, que busca preservar sus innegociables parámetros de recato (Tzniut). Esta estructura dista abismalmente del ejército del Rey David, cuya invencibilidad radicaba en la observancia estricta de la Ley Divina.
7 de octubre, conducción militar y principio de defensa
Tras las fallas estructurales evidenciadas el 7 de octubre, la cúpula militar (Maktal) y el Tribunal Supremo —el cual impone nociones de moderación ante el enemigo en flagrante contradicción con el principio de la Torá que dicta: "A quien se levanta para matarte, anticípate y mátalo" (es decir, actuando decisivamente mientras aún está en su cama, sin concederle la oportunidad de dañar a civiles o soldados)— deben dar paso a una conducción ética y operacional auténtica. No se puede dudar ni conceder tregua a quien busca la aniquilación antes de que pueda dañar a civiles o soldados.
Bnei Noaj y el horizonte de la Redención
Existe un sector creciente de la sociedad que reconoce este proceso Divino y se conecta con el retorno físico y espiritual a sus fuentes. A medida que se avance en el estudio de la Torá y el cumplimiento de los mandamientos, se manifestará una mayor protección y progreso en todos los ámbitos. En este escenario, la comunidad global de los Bnei Noaj (Hijos de Noé) cumple un rol fundamental: al asumir sus siete preceptos universales y conducirse con justicia bajo la conciencia del Creador, cooperan activamente en el establecimiento del nuevo orden mundial de la Redención, guiado por la enseñanza del Rey Mesías para toda la humanidad.
Respuesta directa
Según la tesis del artículo, el conflicto religión y Estado en Israel surge porque el Estado moderno se organiza principalmente bajo categorías seculares y democráticas convencionales, mientras que la identidad del pueblo judío es entendida como inseparable de la Torá, la Tierra de Israel y la soberanía de Dios. Para el autor, la solución no consiste en eliminar la participación ciudadana, sino en una transformación espiritual y jurídica que haga compatible la vida pública con los principios de la Torá.
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En el contexto de este artículo, “conflicto religión y Estado” describe la tensión entre la institucionalidad secular del Estado de Israel y la concepción de que la identidad, la legislación, la educación, la seguridad y el destino histórico del pueblo judío deben estar orientados por la Torá y por la soberanía Divina.
Aplicación práctica
La aplicación práctica propuesta por el artículo comienza en la educación y en la vida personal: fortalecer el estudio de la Torá, el cumplimiento de los mandamientos y una identidad judía vivida con naturalidad. En el plano colectivo, el autor plantea que las instituciones deben avanzar hacia una conducción coherente con esos principios, mientras que los Bnei Noaj contribuyen mediante la observancia de los siete preceptos universales y una vida de justicia bajo la conciencia del Creador.
¿Por qué el artículo considera estructural el conflicto religión y Estado en Israel?
Porque sostiene que la identidad del pueblo judío no puede separarse de la Torá sin producir una ruptura entre la forma política del Estado y su razón espiritual de ser.
¿El artículo rechaza la democracia?
No. El texto afirma que la soberanía popular puede adquirir un sentido trascendente cuando la ciudadanía fortalece libremente su fe y elige guiarse por los preceptos de la Torá; también recuerda que el Rebe promovió procesos democráticos comunitarios.
¿Qué papel atribuye el artículo a la educación judía?
La presenta como un componente decisivo de la identidad y de la seguridad espiritual del pueblo. El texto vincula la educación en Torá y mandamientos con la fortaleza interior de Israel.
¿Cómo presenta el artículo la relación entre Jabad y el sionismo?
Expone que Jabad rechaza la ideología sionista surgida de la Haskalá, pero reconoce la existencia práctica del Estado de Israel y se distancia de posturas que niegan esa realidad.
¿Qué importancia tiene la pregunta “¿Quién es judío?” dentro del argumento?
El artículo la presenta como un punto decisivo porque considera que la definición legal de la identidad judía debe corresponder a la Halajá y que su distorsión afecta tanto la identidad espiritual como la cohesión del Estado.
¿Qué relación establece el artículo entre Torá y seguridad nacional?
Sostiene que la seguridad no depende únicamente de la fuerza militar o tecnológica, sino también de la identidad judía, la educación, el cumplimiento de los mandamientos y la confianza en la dimensión Divina.
¿Qué función atribuye el artículo a los Bnei Noaj?
Los presenta como participantes del proceso de Redención mediante la observancia de los siete preceptos universales y una conducta justa orientada por la conciencia del Creador.


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