Los Siete Mandamientos Universales: Un compromiso absoluto con lo Divino
- Rabino Rótem Tómer
- 7 ene
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 20 ene
Una guía ética para la humanidad moderna.

Las Siete Leyes Universales no son normas sociales ni acuerdos humanos. Son mandamientos de origen divino, y por esa razón no pueden ser cumplidos de manera relativa, parcial o condicionada. Su cumplimiento exige precisión, conciencia y profundidad, comprendiendo no solo la acción externa, sino también sus implicaciones espirituales.
Quien cumple estas leyes únicamente por temor al castigo social o por presión del entorno no está sirviendo a Dios, porque en su intención no lo ha tenido en cuenta. El verdadero sentido de estas leyes es agradar al Creador, cumpliéndolas fielmente, tal como fueron dadas.
Cuando una persona estudia y vive estos mandamientos con esa intención, se genera un vínculo único entre el ser creado —limitado— y su Creador —infinito—, más allá de cualquier emoción, lógica o comprensión humana.
Qué son los Siete Mandamientos Universales y cuál es su origen
Los Siete Mandamientos Universales tienen su origen en la Torá y en la tradición oral judía. Son llamados universales porque abarcan a todos los seres humanos, ya que toda la humanidad desciende de Noaj.
Después del Diluvio, el Eterno estableció un pacto con Noaj y con sus descendientes, otorgando un conjunto de principios éticos básicos destinados a preservar la vida, la justicia y la dignidad humana. Por esta razón se los conoce también como leyes noájidas.
Con el paso del tiempo, estas leyes fueron gradualmente olvidadas por la humanidad. Siglos más tarde, en el momento de la constitución del pueblo de Israel en el Monte Sinaí, los Siete Mandamientos fueron reafirmados, junto con el resto de la Torá. En ese momento, Israel recibió una misión clara: enseñar estas leyes a las setenta naciones del mundo, no solo mediante palabras, sino a través del ejemplo de una vida ética e íntegra.
Las leyes divinas constituyen el único camino auténtico de conexión entre el ser humano y el Creador. El infinito y lo finito no pueden coexistir en una misma ecuación, a menos que el propio Infinito trace un sendero de conexión con los seres creados. Ese sendero son Sus leyes.
El gran don otorgado al ser humano para recorrerlo es el libre albedrío.
Los Siete Mandamientos Universales explicados de forma simple
1. No idolatrar
Desde la primera comunicación de Dios con Adán quedó establecido quién es la fuente de todo, quién gobierna la realidad y a quién corresponde la veneración. Rendir culto a cualquier otro elemento, fuerza o intermediario, o asociar a Dios con otras entidades, constituye una infidelidad espiritual.
La idolatría no es solo un error teológico; es una corrupción espiritual que abre la puerta a todo tipo de desorden moral y maldad en la vida personal y colectiva.

2. No blasfemar el Nombre de Dios
Este mandamiento corresponde a quien reconoce profundamente que toda su realidad proviene de Dios. Incluso en momentos difíciles o dolorosos, no hay lugar para la queja irrespetuosa ni el enojo dirigido al Creador.
La fe auténtica implica confiar en que todo lo que ocurre tiene un propósito que supera ampliamente la lógica humana, y que incluso lo incomprensible puede estar orientado a nuestro bien último.

3. No asesinar
La vida humana no debe respetarse por su utilidad social o productividad, sino porque es una manifestación directa de lo divino. Atentar contra la vida es atentar contra esa chispa sagrada.
Incluso la humillación, el desprecio y la degradación del otro pueden entenderse, en un plano espiritual, como una forma de asesinato. La convivencia, el respeto y la dignidad humana representan exactamente lo opuesto.

4. No robar
Respetar la propiedad ajena implica hacerlo hasta el último centavo y el último minuto, especialmente en relaciones laborales y comerciales. La honestidad no empobrece; por el contrario, trae prosperidad de formas muchas veces inexplicables.
La rectitud conecta a la persona con la fuente de toda abundancia, y esa conexión genera bendición real y sostenible.

5. No cometer adulterio ni incesto
La imagen divina en el ser humano se cuida construyendo familias sanas, formadas por hombre y mujer que no sean parientes cercanos. La estructura familiar no es un invento cultural, sino un protocolo divino para preservar la dignidad humana y asegurar generaciones equilibradas.
Cuando la vida familiar se alinea con este orden, es allí donde puede esperarse la bendición.

6. No comer parte de un animal con vida
El ser humano no puede comportarse como un animal depredador. El permiso divino de causar sufrimiento a un animal existe únicamente con un fin legítimo: trabajo o alimentación, y siempre después de haber sido faenado correctamente.
Consumir un órgano arrancado de un animal con vida está eternamente prohibido para cualquier ser humano ante Dios, como límite claro a la crueldad.

7. Establecer sistemas de justicia
Cada persona es responsable de su influencia pública, su voto y su participación social para que las leyes humanas no contradigan las leyes divinas. Las leyes civiles pueden debatirse y reformarse; las leyes de Dios son eternas.
Estas deben ocupar un lugar activo en la conciencia colectiva, de modo que cada individuo asuma responsabilidad no solo por sus actos personales, sino también por la sociedad que ayuda a construir.

Reflexión final
Las Siete Leyes Universales no buscan imponer, sino ordenar, elevar y conectar. Son un camino para vivir con propósito, ética y alineación con el Creador, transformando tanto al individuo como a la sociedad desde sus cimientos.
Te invitamos a seguir explorando este camino de sabiduría y responsabilidad espiritual junto a la Comunidad Bnei Noaj de Casa Jabad.
