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La Extensión de Moisés en Cada Generación.

El liderazgo espiritual que conecta a la humanidad con el Creador.


Publicidad de Comunidad Bnei Noaj Casa Jabad Ecuador sobre Moisés, su luz espiritual y la guía de cada generación, invitando a leer el artículo completo en el blog de www.jabad.org.ec.
Moisés no terminó en el desierto | Comunidad Bnei Noaj Casa Jabad Ecuador

El concepto de “Itpashtuta de Moshe be-jol dara”, es decir, la extensión de Moisés en cada generación, aparece por primera vez en el sagrado libro del Zohar. Esta enseñanza nos ayuda a comprender que la conexión de la humanidad con el Creador no terminó con la muerte física de Moisés.


Después de Moisés, el liderazgo pasó a Josué. Luego, en cada generación, surgió un juez, profeta, rey, guerrero, sabio o salvador a través del cual fluyó la inspiración divina hacia el pueblo de Israel. La misión de Moisés, por lo tanto, no quedó limitada a una época histórica. Su luz continúa manifestándose en cada generación.


Moisés: una luz desde su nacimiento.


Desde su nacimiento, Moisés llenó su hogar de luz. La persecución de los egipcios contra todo varón recién nacido no fue casual: según la tradición, ellos sabían por cálculos astrológicos que nacería el redentor que liberaría a Israel de la esclavitud.

El Midrash relata que Amram, padre de Moisés, decidió separarse de su esposa ante el decreto de Faraón. Como era un líder del pueblo, muchos hicieron lo mismo. Entonces su hija Miriam lo confrontó con una frase poderosa:

“Tu decreto es peor que el de Faraón; él solo condenó a los varones, pero tú impides que nazcan incluso las mujeres”.


Sus palabras conmovieron a Amram, quien reconoció la verdad de su argumento y volvió con su esposa. Al seguir el ejemplo del líder, todo el pueblo regresó con sus mujeres. De esa decisión de fe surgió una multiplicación sobrenatural del pueblo hebreo.

Moisés nació de carne y hueso, pero también de una decisión valiente frente a una realidad cruel. Fue colocado en el Nilo y dado por perdido. Sin embargo, ocurrió el milagro: la hija de Faraón lo adoptó, y en el propio palacio del opresor creció la mayor amenaza divina contra su reino.


Un alma con una percepción distinta.


El nombre Moshe atestigua que su alma proviene de una dimensión elevada. Moisés veía la realidad de manera distinta a los demás.


Cuando vio a un egipcio golpeando a un hebreo, no pudo permanecer indiferente y actuó contra el agresor. Cuando vio a dos hebreos peleando entre sí, no pudo soportar que “el cuerpo luchara contra sí mismo”. Esa sensibilidad espiritual lo llevó a reprender, y también a pagar el precio de tener que huir de Egipto.


Los cinco libros de la Torá relatan su vida desde el nacimiento hasta su muerte. En muchas de las crisis del pueblo de Israel aparece una dificultad recurrente: creer plenamente en Moisés.


Cuando una persona ve frente a sí a un líder de carne y hueso, puede imaginar que tiene intereses personales, como cualquier otro ser humano. Por eso resulta tan difícil concebir que exista alguien sin ego propio, alguien que actúe como un canal puro por donde pasa la palabra divina sin desviarse.


La dificultad de creer en el líder de la generación.


La rebelión de Kóraj, el reporte de los espías, las quejas por el maná celestial y el becerro de oro surgieron, en gran medida, de esa misma dificultad: aceptar la autoridad espiritual de Moisés como siervo fiel de Dios.


En Egipto, el pueblo presenció las diez plagas y la partición del Mar Rojo. Allí creyeron en Dios y también en “Moisés, Su siervo”. Esa unión entre la fe en el Creador y la confianza en el líder enviado por Él fue fundamental.


En la entrega de la Torá, el momento de la constitución divina del pueblo, la voz de Dios pasó por la garganta de Moisés a petición del propio pueblo. Tras escuchar el primer mandamiento, “Yo soy el Eterno tu Dios”, sus almas abandonaron sus cuerpos por la intensidad de la revelación. Fueron revividos con el “rocío de la resurrección” y escucharon el segundo mandamiento: “No tendrás otros dioses”.


Después de pasar nuevamente por esa experiencia de muerte y vida espiritual, el pueblo pidió a Moisés:

“Habla tú con nosotros y escucharemos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos”.


En esa declaración se expresa el reconocimiento interno de la autoridad del Creador transmitida a través de Moisés.


No juzgar a los justos desde una mirada limitada.


Cuando se habla de Moisés golpeando la roca, muchas personas intentan juzgarlo desde una mirada superficial. Pero no corresponde medir a los justos desde nuestras propias limitaciones.


La tradición enseña que detrás de ese episodio existía una profundidad espiritual mucho mayor. Dios orquestó una situación que impidió la entrada de Moisés a la Tierra de Israel, pues su ingreso habría traído la redención eterna de inmediato.


La roca específica a la que debía hablar desapareció. En un momento de enojo, Moisés golpeó la roca correcta, y de ella salió agua para todo el pueblo. Esto nos deja una enseñanza, pero no nos da derecho a juzgar a los justos. Esa tarea corresponde solo a Dios.


Cuando Miriam y Aarón hablaron sobre la vida personal de Moisés, Dios mismo intervino. Miriam fue castigada con lepra por hablar contra el “siervo fiel”.


Moisés en cada generación.


El fenómeno de Moisés no ha cesado.


En cada generación han surgido grandes líderes y luminarias espirituales: Rashi, Maimónides —Rambam—, el Maharal de Praga, el Or HaJayim, el Baal Shem Tov, el Maguid de Mezritch y la dinastía de los Rebes de Jabad Lubavitch.


Ellos trajeron luz al mundo, especialmente a través del Jasidismo, una de las investigaciones más profundas sobre la Divinidad escrita para el intelecto humano. Esta enseñanza no busca solo el placer de conocer a Dios, sino guiar a la persona para elevarse en el servicio divino.


Este es el deseo de Moisés:

“Ojalá todo el pueblo de Dios fuera profeta”.

Moisés es llamado el Pastor Fiel, porque su función es nutrir al pueblo con fe interior.


El Rebe de Lubavitch y nuestra generación.


En nuestra generación, después del terrible Holocausto y del miedo que paralizó a tantos judíos frente a su identidad, el Rebe de Lubavitch, Rabí Menajem Mendel Schneerson, se reveló no como un místico oculto, sino como un líder que utilizó todos los medios de comunicación disponibles para despertar orgullo judío, conciencia espiritual y retorno a Dios.


El Rebe declaró que nuestra generación es la última del exilio y la primera de la Redención —Gueulá—. Lideró una revolución de teshuvá, retorno espiritual, y promovió un cambio de conciencia global que incluyó también a las naciones del mundo.

A ellas las llamó a identificarse como Bnei Noaj, Hijos de Noé, y a observar los preceptos universales dados por Dios a la humanidad.


Cientos de rabinos firmaron un dictamen legal, Psak Din, basado en las leyes de Maimónides, declarando que el Rebe es el profeta, juez y consejero de la generación, así como el Mashíaj. Según esta perspectiva, su revelación como Rey Mesías constituye un punto de no retorno dentro de la Halajá.


El hecho de que alentara públicamente el canto de:

“Ieji Adoneinu Moreinu Verabeinu Melej HaMashíaj Leolam Vaed”“Viva nuestro Señor, Maestro y Rebe, el Rey Mesías por siempre”

es entendido por sus seguidores como una confirmación de su estatus según la ley judía.


Una prueba de fe.


El 3 de Tamuz de 1994, cuando se dejó de ver al Rebe con los ojos físicos, la fe de sus seguidores no se quebró. Para ellos, este ocultamiento representa una prueba de fe similar a la vivida por el pueblo cuando Moisés subió al monte.


En aquel momento, el Satán mostró al pueblo una visión del funeral de Moisés para confundirlos, lo que llevó al pecado del becerro de oro. Solo la tribu de Leví mantuvo una fe firme, declarando que creían únicamente en las palabras de Moisés.


En el judaísmo, la frase “David Melej Israel Jai VeKaiam” —David, Rey de Israel, vive y permanece— se asocia directamente con el Mashíaj.


Aunque existe la enseñanza de que “los justos, incluso en su muerte, son llamados vivos”, aquí se habla de una dimensión superior: el Mashíaj como eje central de la humanidad, conectado con Adán, David y la Redención final.


La Redención completa es el gran misterio de la creación. El ocultamiento no es el final del proceso, sino el preámbulo de una revelación mayor.


Conectarse con el liderazgo que guía hacia la Redención.


El proceso de la Redención es impulsado por un líder de carne y hueso, con quien debemos conectarnos y cuyas instrucciones debemos seguir.


En la Comunidad Bnei Noaj, reconocemos esta guía espiritual y difundimos los Siete Preceptos Universales como parte de la preparación del mundo para una vida basada en la fe en el Dios Único, la justicia, la responsabilidad moral y la Redención.


Ser parte de este camino no es solo estudiar ideas profundas. Es asumir una dirección de vida. Es ordenar la conciencia, fortalecer la fe y construir una comunidad conectada con el propósito divino.


Reflexión final.


La extensión de Moisés en cada generación nos recuerda que Dios no abandona al mundo. Siempre existe una conducción espiritual, una voz que orienta, una luz que despierta y una guía que llama al ser humano a elevarse.


La pregunta para cada persona no es solo si cree en Dios, sino si está dispuesta a escuchar la guía que Dios pone en su generación para acercarse más a él.


En Casa Jabad Ecuador y la Comunidad Bnei Noaj, este llamado se traduce en estudio, compromiso, comunidad y acción concreta para revelar más luz divina en el mundo.


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