Todo lo que hace el Misericordioso, para bien lo hace.
- Pedro Cevallos

- 28 may
- 6 min de lectura
Crónica de la Convención Nacional de la Comunidad Bnei Noaj en la Laguna de Yambo.

Desde la elección misma de la fecha, aparentemente tomada “al azar”, pudimos ver una señal de supervisión divina. Sabemos que nada ocurre fuera de la dirección del Cielo, y el Bondadoso Creador dispuso que este encuentro se realizara en el primer día del mes hebreo de Siván.
Este día, Rosh Jodesh Siván, tiene un significado especial. Es el comienzo del mes en el que el pueblo judío recibió la Torá en el Monte Sinaí, y también un momento en el que la santidad, la oración y la unidad pueden abrir canales de bendición no solo para Israel, sino para el mundo entero.
El lugar escogido fue la hermosa Laguna de Yambo, ubicada en la provincia de Tungurahua, cerca de Ambato, Ecuador. Un sitio lleno de historia, belleza natural y valor turístico, ideal para compartir como comunidad y fortalecer los lazos entre quienes caminan como Bnei Noaj, hijos de Noé.
La Comunidad Bnei Noaj, dirigida por el Rabino Tómer Rótem, reúne a personas que, movidas por una búsqueda sincera de la verdad y de la Divinidad, han salido de diferentes contextos religiosos, ideológicos y personales. Muchos han llegado a este camino con el deseo profundo de acercarse al Creador, Bendito Sea, y encontrar una relación más clara, fiel y consciente con Su Voluntad.
En esta ocasión, la comunidad se reunió para reforzar los vínculos de amistad, unidad y aprendizaje, así como para consolidar los conocimientos adquiridos en las clases semanales impartidas por el Rabino Tómer.
Un encuentro para conocernos, unirnos y crecer.
Desde temprano en la mañana, alrededor de las 9:00 a.m., luego de las plegarias matutinas, comenzó el evento. Los miembros de la comunidad fueron llegando desde distintas partes del país, siendo recibidos con alegría, saludos cordiales y un ambiente familiar.
Uno de los primeros objetivos fue “romper el hielo”, especialmente entre quienes tenían poco tiempo dentro de la comunidad y aún no se conocían entre sí. Cada participante tuvo la oportunidad de presentarse: quién era, de dónde venía, cuál era su profesión, si estaba casado o soltero, y compartir algo de su historia personal.
También se plantearon preguntas para abrir el diálogo y permitir que cada persona pudiera expresar su experiencia, sus inquietudes y su conexión con el camino Bnei Noaj.
Entre las preguntas compartidas estuvieron:
¿Cómo conociste el movimiento Bnei Noaj o qué te atrajo de él por primera vez?
Si pudieras elegir una de las Siete Leyes Universales que el mundo necesita aplicar con urgencia, ¿cuál sería y por qué?
¿Cuál es tu festividad o momento del año favorito, y cómo te gustaría celebrarlo desde la perspectiva noájida?
¿Qué libro, video o maestro ha influido más en tu crecimiento espiritual últimamente?
Si tuvieras que explicar en una sola frase qué significa ser Bnei Noaj, ¿qué dirías?
Una de las respuestas que más impactó fue la de Jonatan S., de Quito, quien respondió simplemente: “Verdad y fe”. Una frase breve, pero profundamente significativa, porque expresa aquello que tantas personas buscan hoy: una vida sostenida por la verdad y orientada por la fe.
También se preguntó qué hábito o pequeña acción diaria ayuda a mantenerse conectado con el Creador en medio de la rutina. Una respuesta muy emotiva fue la de M.C., de Ambato, quien compartió que había aprendido a rezarle únicamente a HaShem, el Dios Uno, y ya no a otras entidades.
Ese testimonio reflejó una de las grandes bendiciones de este camino: poder alejarse de la idolatría y acercarse con más claridad al Creador, junto con la familia y la comunidad.
Otra pregunta importante fue sobre el mayor desafío y la mayor bendición al adoptar este camino de vida como Ben Noaj. Daniel M. compartió que uno de sus mayores desafíos ha sido convivir con seres queridos que aún no han dejado ciertos sistemas idolátricos, tratando de llevar ese proceso con paciencia, respeto y esperanza.
Su respuesta mostró que el camino espiritual no siempre es fácil, pero sí puede vivirse con sensibilidad, humildad y confianza en que cada persona tiene su propio proceso.
El alcance vivo de una comunidad.
Casi al finalizar las presentaciones, participó Klever M., de Sarayaku, en la provincia de Pastaza, una comunidad ubicada al interior de la selva ecuatoriana. Él compartió que habla correctamente kichwa y español, y que también ha comenzado a aprender algo del idioma sagrado hebreo.
Contó que está tratando de compartir las Siete Leyes Noájidas con los miembros de su comunidad kichwa. Al escucharlo, los presentes respondieron con aplausos espontáneos.
Ese momento dejó ver algo muy poderoso: la Comunidad Bnei Noaj no es solo un grupo local. Es una red espiritual con alcance amplio, capaz de tocar vidas en distintas regiones, culturas e idiomas. Incluso participan personas de otros países y se han conectado miembros y visitantes desde lugares tan lejanos como Israel, especialmente a través de las clases interactivas.
Todo esto ocurrió mientras los asistentes compartían un agradable coffee break, en un ambiente de confianza, apertura y alegría.
La llegada del Rabino Tómer y el significado de Rosh Jodesh Siván.
Más adelante llegó desde Quito el Rabino Tómer Rótem. Al bajar de su auto, explicó que se había demorado debido al rezo especial que realiza el pueblo judío en el primer día de cada mes hebreo.
Ese día era Rosh Jodesh Siván, y se había reunido un minyán, es decir, un grupo de diez varones judíos adultos para la oración comunitaria.
Sus palabras quedaron grabadas en el corazón de quienes las escucharon. Explicó que ese minyán era muy importante porque atrae la Presencia Divina, y que esto no beneficia solamente a quienes participan directamente, sino también al país y al mundo entero.
Fue un recordatorio profundo de que la oración, la santidad y la unidad tienen impacto más allá de lo visible. En la tradición judía, el servicio a Dios no se limita a una experiencia individual; puede convertirse en fuente de bendición para toda la creación.
Palabras de Torá junto a la laguna.
Luego, la comunidad se reunió en un pequeño bosque junto a la Laguna de Yambo. Allí el Rabino saludó a los presentes, agradeció su asistencia y compartió palabras de Torá, junto con un rezo especial relacionado con el comienzo del mes de Siván.
Este mes antecede a la festividad de Shavuot, momento en el que, hace aproximadamente 3338 años, el pueblo judío recibió la Torá en el Monte Sinaí.
Para los Bnei Noaj, recordar este evento también tiene un valor inmenso. La Torá no es vista como un documento lejano, sino como una fuente de orientación, propósito, justicia y conciencia para toda la humanidad.
Cánticos, bendición y alegría en comunidad.
Después, los participantes disfrutaron de un paseo en yate por la Laguna de Yambo. El ambiente espiritual del día se hizo todavía más visible: se cantaron salmos y alabanzas con alegría y devoción hacia HaShem, el Dios Uno.
También se compartió una historia jasídica, y uno de los momentos más significativos fue recibir una bendición, tanto para los presentes como para sus hijos.
La alegría, la gratitud y la conciencia de estar viviendo un momento especial marcaron profundamente la jornada.
Más tarde, la comunidad compartió una comida en un ambiente de camaradería, respeto, amistad y confianza. También hubo un espacio de preguntas y respuestas con el Rabino, donde los miembros pudieron expresar sus inquietudes y recibir orientación.
Para muchas personas que asistían por primera vez, el ambiente fue especialmente conmovedor. Una de ellas expresó: “Me sentí como si estuviese entre familia”.
Esa frase resume el corazón de la experiencia comunitaria. No se trató solamente de una reunión, sino de un espacio donde las personas pudieron sentirse recibidas, escuchadas y acompañadas.
Como dice el Salmo 133:
“Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía”.
Un compromiso renovado.
Al despedirse, los miembros asumieron el compromiso de seguir esforzándose en el camino de las Siete Leyes dadas a nuestro patriarca Noaj, fortaleciendo su estudio, su cumplimiento y su alegría en el servicio al Creador.
La jornada dejó una enseñanza clara: cuando una comunidad se reúne con propósito, fe, respeto y deseo sincero de acercarse a Dios, se convierte en un espacio de bendición.
Que haya más reuniones como esta. Que el Creador ayude a cada miembro de la Comunidad Bnei Noaj a seguir creciendo con alegría, unidad y fidelidad a Su Voluntad.
Con ayuda del Creador, nos veremos en una próxima convención.
Pedro Cevallos.
Miembro de la Comunidad Bnei Noaj.
Fuente base: artículo compartido por Pedro Cevallos para la Convención Nacional Comunidad Bnei Noaj.




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